Hay noches en las que un restaurante deja de ser un restaurante para convertirse en otra cosa. Por ejemplo, se convierte en un laboratorio, en un punto de encuentro o en un argumento para reservarse el día para una ocasión más que espacial. La noche del 3 de julio el Kentia Gourmet Club se convirtió en esas tres cosas a la vez.
Desde marzo de 2026, Kentia Gourmet Club lleva celebrando cenas a cuatro manos de forma mensual, con chefs invitados que traen su propia visión a una cocina que ya tiene la suya. Giuseppe Pantano fue el primero, en marzo. Gonzalo Calzadilla, en abril.
La propuesta se trabaja durante varios meses detrás de los fogones y esta última, la del 3 de julio, llevaba la firma de Henry Matamoros como chef anfitrión y Germán Blanco como invitado.
Dos cocineros, una sola cocina
Matamoros tiene 31 años y lleva siete trabajando en La Isla y El Mar, el activo de Aylanz donde se encuentra Kentia. No llegó de fuera con un currículum bajo el brazo, ya que creció dentro de la casa, pasó por distintas responsabilidades y fue asumiendo la cocina ejecutiva desde adentro hacia afuera. Ese tipo de conocimiento se nota cuando, en estas noches tan especiales, no existen fricciones y la sala y la cocina se mueven al mismo ritmo.
Germán Blanco es chef ejecutivo de Brisa Marina, en Playa Blanca, y uno de los nombres que lleva más tiempo ligado a la evolución de la gastronomía de calidad en Lanzarote, cuando la isla todavía no había desarrollado el discurso tan gastronómico que tiene hoy. Su presencia en la cena aportó un lenguaje propio, una manera de trabajar el producto que no es la de Kentia, y eso es exactamente lo que el formato necesita para funcionar.


El menú degustación pensado y pensando en Lanzarote
La cena arrancó con tres aperitivos -pera nashi, tartar de tomate y ostra- con la intención de afinar el paladar y dejando claro que la noche venía con intención. A continuación, Matamoros presentó su versión del caldo de trigo, un plato con carga de memoria en las islas que aquí funcionó como puente entre el recetario tradicional y una lectura más contemporánea.
Los tres pases centrales del menú llegaron de la mano de Blanco. El pulpo con papa negra y carabinero de La Santa reunió mar, raíz e identidad insular en un mismo plato, con la contención que ese tipo de producto exige. El bacalao barquero, presentado bajo el nombre de «Cromatismo», fue el pase más técnico y visual de la noche, pensado también para ser mirado, aunque con la obligación cumplida de no quedarse únicamente en el gesto.
El pichón con colmenillas y apionabo fue, con diferencia, el momento de mayor autoridad culinaria de toda la velada, porque se trata de producto delicado, punto exigente, fondo clásico y una guarnición compleja.
La parte dulce la abrió Blanco con un prepostre de manzana, yuzu, apio y lima, fresco y limpiador, bien situado en la secuencia, antes del postre de Matamoros con chocolate, café, naranja y avellana, con estructura, amargor medido y ese punto goloso que hace que nadie quiera que se acabe. Los petit fours cerraron la noche con el gesto propio de las casas que no consideran terminado el trabajo cuando ya han servido lo principal.
El maridaje como una lectura líquida de Canarias
Ana González Falero llevó las copas con un hilo claramente isleño a lo largo de toda la noche. Diego Brut Nature de Bermejos, Maho de Diego Fernández, Los Loros de Juan Francisco Fariña, Paisaje de las Islas Forastera Blanca, Viñátigo Ancestral Blanco y Moscatel Dulce de La Geria formaron un recorrido que pasó por la burbuja, la tensión atlántica, la salinidad, la elaboración ancestral y el dulzor final.
Un recorrido líquido por el archipiélago que demostró que los vinos canarios dan para mucho más cuando se eligen con un hilo conductor
Por qué Kentia está en el mapa
Lo más valioso de lo que está construyendo Kentia no es una sola noche, sino la continuidad. Una cena a cuatro manos al mes, con chefs de perfil diferente, con menús que no se repiten y con un espacio que entiende que una buena noche no tiene por qué terminar con el último postre.
Para quienes se alojan en los activos de Aylanz y quieren una experiencia gastronómica que vaya más allá de la carta habitual, Kentia ya tiene ese papel cubierto. Para quienes viajan a Lanzarote buscando uno de sus mejores restaurantes de fine dining, también
El menú degustación tuvo un precio de 79 euros por persona, con la opción de sumar 55 euros por el maridaje. Una franja razonable para lo que se ofrece.