Los Majos: los primeros habitantes de Lanzarote
Lanzarote e islas · 2 de julio, 2026
Costa volcánica al atardecer con olas rompiendo contra rocas negras y un pueblo blanco al pie de los acantilados. Paisaje que habitaron los Majos, los primeros pobladores de Lanzarote, cuyo legado sigue presente en la identidad de la isla.
Maria Bobrova / Unsplash
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Los Majos: los primeros lanzaroteños y el legado invisible que lo explica todo

Cuando la gente piensa en los habitantes originales de las Islas Canarias, casi siempre piensa en los guanches.

Es lógico: el nombre se ha popularizado hasta convertirse en el gentilicio de todos los aborígenes del archipiélago.

Pero en sentido estricto, los guanches eran los habitantes originales de Tenerife, y cada isla tenía su propio pueblo con su propio nombre.

Los de Lanzarote se llamaban majos (también escritos mahos). Y su historia, aunque menos conocida que la de los guanches de Tenerife, es igual de fascinante y todavía más misteriosa.

Hoy te contamos todo sobre ellos, para que conozcas los orígenes de la Isla.

¿Quiénes eran los majos?

Los majos eran los aborígenes de Lanzarote y Fuerteventura, las dos islas orientales del archipiélago canario.

Su cultura era muy parecida en las dos islas, lo que ha llevado a los investigadores a estudiarlas de forma conjunta, aunque la denominación majo se aplica específicamente a los de Lanzarote.

Su origen está confirmado: procedían del Norte de África, de una zona que se extiende desde el actual Túnez hasta la costa atlántica y desde el Mediterráneo hasta el borde del Sáhara. Son, en términos genéticos y culturales, descendientes de los pueblos bereberes del Magreb.

El nombre de los majos: un misterio bereber

El origen de la palabra majo es un enigma para los investigadores. Hay varias teorías que lo relacionan una vez más con lo bereber.

El historiador Tejera Gaspar la conecta con la etnia de los maxies o mazyes, citados por Heródoto en el siglo V a.C. en la Numidia (actual Túnez), dedicados a labrar la tierra

El investigador Reyes García propone sin embargo que deriva de un término bereber mahar (amazar), con el significado de ‘país, tierra, patria’ o ‘el lugar primero’.

Un nombre que aún es un misterio en origen pero que siempre ha estado cargado de significado.

Fachada de cal blanca con ventana cuadrada azul, troncos de madera empotrados y planta de aloe en primer plano. Arquitectura popular de Lanzarote que conecta con la estética heredada de los Majos, los primeros pobladores de la isla.
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Formaciones rocosas erosionadas en un paisaje árido de Lanzarote. Restos del territorio que habitaron los Majos, los primeros lanzaroteños, cuyo legado sigue presente en la memoria y la identidad de la isla.
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Pero, ¿cómo llegaron a Lanzarote?

La historia de su llegada y asentamiento en Canarias es uno de los grandes misterios y debates entre historiadores y arqueólogos, y es que no hay una única respuesta sino varias teorías.

En el siglo X antes de cristo, la presencia fenicia en Lanzarote podría haber sido el origen, donde estos pueblos traían con ellos a otras culturas como la de los bereberes africanos.

También se habla de la expansión de Cartágo en el siglo VI antes de cristo o de las factorías que los romanos instalaron en la isla con mano de obra africana.

Sea como fuera, cuando esta presencia romana desapareció, las comunidades insulares quedaron aisladas y empezaron a desarrollar su propia cultura, como afirmaba el navegante genovés Lancelotto Malocello cuando pasó por Lanzarote y conoció a quienes se hacían llamar majos.

Este aislamiento de varios siglos entre la desaparición de las factorías romanas y la llegada de los normandos en el siglo XV es el período en que la cultura maja se desarrolló en su forma más particular: sin contacto exterior y adaptando las tradiciones bereberes a las condiciones únicas del paisaje volcánico de Lanzarote.

¿Cómo vivían los majos?

Cierra los ojos un momento e imagina Lanzarote sin nada de lo que conocemos hoy. Sin carreteras, sin hoteles, sin turistas. Solo el viento, el volcán, el mar y un pueblo que aprendió a sacarle partido.

Los majos vivían del paisaje volcánico. Sus rebaños de cabras, ovejas y cerdos recorrían las mismas laderas de lava que hoy recorres tú en coche camino de Timanfaya. De esos animales aprovechaban todo: carne, leche, queso, grasa… Una economía austera, sí, pero con una lógica de aprovechamiento que los arqueólogos modernos no dejan de admirar.       

Y luego estaba el mar, protagonista de Lanzarote junto a la lava. Las excavaciones arqueológicas en la isla han encontrado montones de conchas de lapas y burgados en los asentamientos majos.

No es algo sin importancia: las mismas lapas que hoy se sirven a la plancha en cualquier bar del litoral lanzaroteño son las mismas que comían ellos hace más de dos mil años. Misma especie, mismas rocas, sabor idéntico.

Completaban su mesa con lo que daba el entorno: pesca artesanal, caza de aves, dátiles, frutos silvestres y gofio, esa harina de cereal tostado que todavía hoy aparece en las cartas de los mejores restaurantes de la isla como guiño a la memoria colectiva canaria (y que puedes conocer más a fondo aquí).

Vista aérea cenital del suelo volcánico de Lanzarote con capas de tierra rojiza, ocre y marrón. Paisaje primigenio que habitaron los Majos, los primeros lanzaroteños, antes de la conquista de la isla.
Edoardo Cuoghi / Unsplash
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Una sociedad más sofisticada de lo que parece

Sería un error pensar en los majos como una comunidad simple. Su estructura social tenía una complejidad que todavía hoy sorprende a los investigadores: la familia no se organizaba por línea paterna sino materna.

Las mujeres eran el eje sobre el que giraba todo. Un sistema que comparten, curiosamente, con algunas tribus bereberes del norte de África anteriores a la islamización.

Y también tenían reyes. Cuando los conquistadores normandos llegaron en el siglo XV, no encontraron una tribu sin más: encontraron un jefe con suficiente autoridad como para negociar.

Jean de Béthencourt acabó otorgándole tierras de cultivo como parte del acuerdo. Ese era su nivel de organización.

Una lengua grabada en piedra

Los majos tenían también su propia escritura. En las rocas de Lanzarote y Fuerteventura han aparecido inscripciones que son la prueba de quiénes eran y de dónde venían.

Investigadores como Nona Perera y Juan Antonio Belmonte llevan años descifrando esas marcas que siguen revelando pistas sobre la ruta que siguieron hasta llegar aquí.

El legado de los majos: lo que Lanzarote todavía les debe

Los majos fueron conquistados, asimilados y en muchos casos esclavizados. Su cultura fue desmantelada. Y aun así, su huella está por todo Lanzarote.

Las lapas como te decíamos eran uno de sus alimentos estrella y hoy siguen siendo un plato típico y fundamental de la gastronomía de la isla.

El gofio, alimento base de generaciones y generaciones de canarios es ahora un plato con todo tipo de propiedades saludables que se disfruta dentro y fuera de las Islas y que también venía de los majos. Al igual que pasa con la cabra lanzaroteña, introducida y cuidada por los primeros majos hace ya cientos de años con su propio sistema de pastoreo.

Incluso el arte en forma de sus grabados rupestres ha marcado la cultura canaria y su desarrollo.

Hay un yacimiento en la isla que lleva directamente su nombre: la Cueva de Los Majos, un espacio arqueológico que es Bien de Interés Cultural. Una de las pocas formas en que el nombre de este pueblo aparece en el paisaje de la isla que habitaron durante más de dos mil años.

¿Y qué pasó con los majos tras la conquista?

La conquista normanda de 1402-1405 no fue un exterminio, pero sí una absorción.

Los majos fueron integrados en la nueva sociedad colonial como pastores, trabajadores y soldados. Los aborígenes de Lanzarote participaron activamente en la conquista de Fuerteventura haciéndose soldados y arqueros.

Con el tiempo, los majos se mezclaron con los colonizadores españoles, portugueses, normandos y posteriormente africanos que llegaron a la isla.

Su idioma desapareció y sus costumbres se diluyeron, pero su sangre y sus hábitos más profundos  siguieron siendo parte del ADN cultural de Lanzarote.

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