Hay dos tipos de viajeros que llegan a Lanzarote: los que vienen por primera vez y va todo el mundo. Y los que vuelven, y ya saben adónde ir.
Este artículo va dirigido a los segundos, o mejor aún, a quienes vienen por primera vez pero quieren conocer Lanzarote como un verdadero autóctono.
Esos rincones secretos de Lanzarote que no están en ninguna guía oficial, que no están llenos de señales para turistas.
Algunos te pedirán madrugar, otros ponerte un buen calzado y energías para recorrerlos como merecen… Pero casi todos te exigirán que estés dispuesto a dejarte envolver por el silencio, la piedra volcánica y el Atlántico como fondo.
¿Listo para descubrir los rincones más especiales de Lanzarote?
El Charco Verde y la Laguna de El Golfo: el contraste que no se olvida
Pocos paisajes en Lanzarote generan la reacción que genera el lago verde de El Golfo también conocido como el Charco Verde o Laguna Verde la primera vez que aparece ante los ojos.
¿Y por qué? Porque no podrás apartar la vista de un lago verde esmeralda imposible, encajado entre el negro de la arena volcánica, el rojo del acantilado y el azul del Atlántico.
Cuatro colores que no pensarías que pueden existir juntos y que, sin embargo, forman uno de los cuadros naturales más especiales y fotografiables de las islas Canarias.
Pero lo que las fotos no podrán mostrar es la calma. La sensación de estar ante algo que el volcán dejó aquí hace siglos y que el tiempo ha pulido hasta convertirlo en algo sacado de un sueño onírico.
El acceso es sencillo desde El Golfo y la visita no te llevará más de una hora, pero sorprendentemente muchos turistas lo pasan por alto.
El Caletón Blanco: la playa escondida del norte que forma piscinas naturales
En el extremo norte de la isla, cerca de Órzola, la Playa del Caletón Blanco impresiona con su arena blanca del volcán y las aguas cristalinas color turquesa.
Es una de las playas escondidas de Lanzarote que mejor resume la paradoja de la isla: arena blanca sobre roca negra, aguas tranquilas rodeadas de lava. Un lugar que parece diseñado por alguien obsesionado por mostrar que los polos opuestos se atraen.
Para llegar, tendrás que dejar el coche y caminar un poco, pero créenos, merecerá la pena y ese pequeño condicionante es, precisamente, lo que hace que sea un spot más tranquilo.


Las Grietas de Montaña Blanca: el Gran Cañón en miniatura
Pocos turistas saben que Lanzarote esconde sus propias grietas. Una de las joyas ocultas más espectaculares de la isla, el monumento natural conocido como las Grietas de Lanzarote es una formación geológica que discurre por la ladera del volcán Montaña Blanca.
La grieta principal se extiende a lo largo de unos veinte metros, con paredes irregulares donde podrás ver el efecto de las diferentes capas de lava solidificada que las erupciones de siglos atrás fueron dejando.
Caminar entre sus paredes te ayudará a entender los orígenes de esta isla de una forma que ningún museo o panel informativo conseguirá.
Una de las cosas más especiales de estas grietas es como la luz entra de formas totalmente diferentes en función del día y la hora, haciendo que sea un lugar perfecto para visitar más de una vez cuando vengas a Lanzarote.
La Playa de El Risco: el paraíso de arena negra
Ubicada en el norte de la isla, cerca de la localidad de Haría, la Playa de El Risco es un paraíso escondido. Esta playa de arena negra y aguas cristalinas está rodeada por un paisaje volcánico impresionante.
Para llegar, eso sí, tendrás que hacer una ligera travesía andando desde el mirador cercano, pero el esfuerzo vale la pena cuando te encuentres con las vistas espectaculares y el ambiente de paz y silencio que lo rodea.
Aquí no hay hamacas, ni chiringuiutos ni nada que estorbe o moleste en la playa. Solo la arena negra, el agua y tú. Algo cada vez más difícil de encontrar.
Tenesar: el pueblo que mira al Atlántico sin que nadie lo mire a él
Al oeste de Mancha Blanca y al norte de Timanfaya, Tenesar aguarda al final de una carretera tranquila, con unas pocas casas que disfrutan de vistas de infarto al Atlántico abierto.
No suele aparecer en las rutas, tampoco aparece como un punto turístico, pero tiene algo que pocos sitios de Lanzarote tienen: la sensación de haber llegado a un lugar que el tiempo ha dejado pausado.
Los pueblos pequeños de Lanzarote son quizás los rincones secretos más difíciles de describir porque su valor no es visual sino sensorial. Son lugares donde la isla se siente diferente, con ritmos calmados, casi propios de épocas pasadas.
Un pueblo que te hará entender por que cuando vienes a Lanzarote, no quieres dejar de hacerlo.
Las Salinas de Janubio: cuando el color surge donde menos te lo esperas
Las Salinas de Janubio son un lugar único en Lanzarote. Con una antigüedad de casi 100 años, estas salinas son las más grandes de Canarias. Están llenas de colores vibrantes que cambian según la luz del sol.
Lo que hace especiales a las salinas no es solo su paleta de tonos rosas, blancos, gris o ocre según la estación y la hora que las visites, sino el hecho de que siguen activas.
La sal que producen es la que llega a los platos de los restaurantes locales. Uno de esos lugares donde el paisaje y la economía local se funden en algo que mantiene la esencia de las raíces lanzaroteñas.
La isla premia a quienes van despacio, a quienes preguntan y a quienes están dispuestos a perderse por lugares que esconden la verdadera alma de la isla.
Eso es lo que Lanzarote guarda para los que repiten. Y también, si se sabe cómo, para los que vienen por primera vez con los ojos bien abiertos.